
Es difícil saber o ponerle un inicio a una tradición, lo que es muy fácil, es ver cómo esa tradición ha llegado a nuestros días. Y es que unos de los atractivos de mi tierra, Castilla y León, tiene sus propios seguidores. Y me refiero a los palomares. Un patrimonio ligado a esta tierra que mueve a un curioso número de participantes.

Y es que, según recoge el diario La Razón, Castilla y León posee la concentración de los palomares tradicionales mejor conservados de España.
Solamente en la comarca de Tierra de Campos, un territorio compartido entre Valladolid, Palencia, Zamora y León, se encuentra un patrimonio vernáculo de proporciones sorprendentes: miles de construcciones de piedra, adobe y madera que durante siglos organizaron la vida rural y que hoy sostienen una ruta de turismo de interior con sustancia propia.
Los palomares de la Ruta de patrimonio vivo en Tierra de Campos
Vamos a hablaros de una escapada rural con paradas concretas, que no solo se centran en este rico patrimonio, si no que os comentaré algunos consejos de cómo aprovechar cada rato libre disponible en una ruta.
Una de las ventajas de ser “paquete” dentro de un vehículo que recorre esta maravillosa Tierra de Campos es poderte dedicar a disfrutar de los paisajes; aunque es cierto que, si se alarga en el día, puede resultar un poco monótono. Como te comenté en otra publicación reciente, revisar el móvil puede ser un entretenimiento. Según Apuestas Guru, a los amantes de los deportes, suelen aprovechar estos ratos entre palomar y palomar, así como los descansos en alojamientos rurales, para consultar guías sobre cómo mejorar sus apuestas deportivas antes de las jornadas del fin de semana.

“Es una tipología de viajero que no desconecta del todo del deporte, aunque esté en mitad del páramo castellano. Lo que cambia es el ritmo, no el interés.”
Historia, arquitectura y literatura en torno al palomar castellano
Los palomares castellano y leoneses son una reminiscencia de otro tiempo, es mucho más que una forma de vida olvidada asociada a una construcción rural. Parece ser que su origen se remonta a la época romana. Perduró en el tiempo, incluso durante la ocupación islámica de la península y llego casi invariada hasta nuestros días.

Durante siglos cumplieron funciones agrícolas, alimentarias y sociales. La paloma proporcionaba carne, huevos y abono para los campos, y su presencia en la propiedad era señal de estatus. La presencia de los palomares estaba incluida en el registro catastral del Marqués de la Ensenada, debido a su importancia como motor económico de una población.
Los rasgos únicos que sin embargo unifican a los palomares
La diversidad de formas de estas edificaciones resulta llamativa. Se construyen combinando piedra, adobe y madera. Sus plantas varían entre cuadradas, hexagonales, circulares y rectangulares. Algunos ejemplares alcanzan hasta ocho metros de altura e incorporan patio interior; mientras que otros se rematan con una torrecilla central elevada.

Aunque no hay dos iguales, el palomar castellano posee rasgos que lo engloban dentro de su propio tipo de construcción, reinterpretada una y mil veces en casos singulares. Y es justamente en esa singularidad, que precisamente, es lo que hace que cada parada de la ruta aporte algo distinto.
Los palomares en la cultura popular
La cultura española los incorporó pronto a su imaginario. Miguel de Cervantes los mencionó en El Quijote con la frase «si al palomar no le falta cebo…«, reflejo de su presencia cotidiana en el paisaje castellano del Siglo de Oro.

Siglos después, Miguel Delibes los describió como: -«una referencia en la inmensidad desolada del páramo, construcciones que decoran y calientan el paisaje«-.
Dos rutas de Palencia, con casi un millar de construcciones
No es fácil hablar de rutas en el sentido estricto de la palabra, aunque es cierto que oficialmente por la provincia de Palencia, al igual que hablamos en su momento de las Rutas del Románico Rural palentino, Palencia cuenta con una gran concentración de este tipo de patrimonio rural.
Esta provincia, centraliza buena parte del patrimonio palomero de la región. Con alrededor de un millar de palomares localizados en diverso estado de conservación, lo que permite ofrecer dos rutas organizadas que abordan el territorio por zonas.
Hay algo en los palomares que hace que, aunque su estado sea ruinoso, su mera presencia resulte atractiva.
La Ruta del Oeste
Esta primera ruta recorre aproximadamente 50 kilómetros a través de seis localidades: Villamartín de Campos, Pedraza de Campos, Torremormojón, Capillas, Guaza de Campos y Frechilla. El conjunto agrupa siete conjuntos de palomares y un total de 69 construcciones de tipologías diversas.

La Ruta del Este
Esta segunda ruta es más corta pero no menos intensa. Une Támara de Campos, Santoyo y Astudillo en un recorrido de 10 kilómetros, con 51 construcciones catalogadas.
Pero no solo te quedes con estas construcciones, que en ocasiones están en medio de la nada y cuesta acercarse a ellas. También aprovecha y disfrutar de las localidades por donde pasas. Algunas, como Santoyo es de parada obligatoria.
Pueblos con singularidades únicas que deberías incluir en tu ruta
Una parada en Santoyo, Palencia
En este pueblo además de poseer uno de los templos a caballo entre el gótico y el plateresco de mejor calidad histórico-artística, se encuentra el Centro de Interpretación de los Palomares de la Comarca de Tierra de Campos.

Este Centro Temático del Palomar ocupa una antigua casa de labranza recuperada. Ofrece un recorrido con sistemas expositivos pensados para acercar la tradición palomera al visitante sin conocimientos previos. Es un buen punto de arranque para la Ruta del Este palentina.

También aquí, se encuentra un palomar único; de forma lobulada: circular, con cubos o torreones cilíndricos adosados, sin equivalente conocido en toda la comarca.
Otra parada singular recomendable Astudillo, Palencia
En Astudillo el conjunto es igualmente notable. Los 15 palomares del municipio se distribuyen en dos grandes agrupaciones al este y al oeste del casco urbano, más una pequeña concentración junto a la carretera de Santoyo.

La mayoría son poligonales, con formas singulares entre las que destaca una que imita la silueta de un castillo almenado.
Valladolid, palomares hexagonales y rutas en marcha
La provincia de Valladolid también suma ejemplares de notable singularidad a estos recorridos de palomares de Castilla y León. En Roales de Campos se conserva un palomar de planta hexagonal, una de las formas menos frecuentes en el conjunto regional.

En Mayorga, el interés reside en un palomar de carácter urbano, integrado en el tejido del municipio en lugar de situarse en el extrarradio agrícola como es habitual.

Para quien quiera una introducción ordenada a esta arquitectura antes de salir al campo, el Centro de la Naturaleza de Matallana, gestionado por la Diputación de Valladolid, funciona como aula de interpretación de la arquitectura palomera. Supone un primer acercamiento real a la tradición constructiva antes de recorrer los pueblos. Puedes visitar el palomar por dentro y conocer cómo eran realmente.
Zamora, otra visión de los palomares de Castilla y León
En Zamora la ruta más articulada parte de Villaveza del Agua, localidad situada a unos 15 kilómetros de Benavente, donde se ha puesto en marcha un itinerario visitable específico sobre palomares.

El centro de interpretación de los Palomares de Castroverde de Campos
En Castroverde de Campos, dentro de la Casa de la Cultura, el Centro de Documentación Transnacional de los Palomares tiene una dimensión más académica pero igualmente accesible.

Cuenta con una exposición permanente del artista vallisoletano Andrés Coello, dos documentales específicos sobre estas construcciones, una sala de exposiciones, biblioteca especializada y las publicaciones más reconocidas sobre palomares en España y Portugal.
Y es que, no hay dos palomares iguales, como ya se indicaba en la publicación de La Razón. Esa variabilidad es lo que hace que la ruta completa tenga sentido como proyecto de fin de semana; cada pueblo añade una variación formal, un material distinto, una escala diferente.
El resultado es un recorrido por siglos de arquitectura popular en paisajes abiertos, accesible desde cualquier punto de la meseta y compacto como para resolverlo en dos jornadas.
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